[FORO EDUCACIÓN Y REPRESIÓN] AYOTZINAPA A 40 AÑOS DE LA FUNDACIÓN DEL CCH MORELOS

El pasado 10 de octubre se llevó a cabo el foro EDUCACIÓN Y REPRESIÓN, en la  Universidad Autónoma de Baja California Sur. Hubo participaciones variadas, con sus propias particularidades, aunque en ellas no se pudieron soslayar dos temas fundamentales de esta relación entre educación y la represión gubernamental/crimen organizado. Nos referimos al caso de los presos políticos y anarquistas que han encarcelado, como es el caso de Mario González, que cuestionó antes de su secuestro por parte del gobierno del Distrito Federal en contubernio con las autoridades de la UNAM, la reforma a los CCH (Colegio de Ciencias y Humanidades) en base a la propuesta institucional de los 12 puntos, que evidentemente buscaba sobreponer el modelo educativo basado en competencias sobre el modelo crítico, reflexivo y popular que dio origen a los Colegio de Ciencias y Humanidades. Y por otro lado, no se pudo dejar de lado la reflexión sobre el caso de los recientes asesinatos y secuestro de los normalistas de la Normal Rural Rául Isidro Burgos, de Ayotzinapa, Guerrero, y esta necesidad del Estado mexicano por acabar con las normales rurales del país, que buscan contrario al modelo educativo neoliberal, enaltecer la crítica, la reflexión, la solidaridad y la autogestión.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Por Gilberto Piñeda Bañuelo

Cuando la Caro me invitó a este Foro, no pasaba Odile ni la represión de Ayotzinapa, y solo quería trasmitir  algo que ya había escrito sobre mi experiencia personal en el sistema educativo del Colegio de Ciencias y Humanidades  y algunos momentos de represión física y psicológica del gobierno  contra el CCH Morelos y de las luchas de la prepa Morelos.

Pasó lo de Ayotzinapa, entonces antes de leerles la carta abierta a la Prepa Morelos que escribí entre la última semana de agosto y primera de septiembre anterior, y que originalmente sería mi intervención en este foro, quiero hacer un breve comentario sobre Educación y Represión en la Escuela Normal Rural  Rául Isidro Burgos que desde el 2 de marzo de 1926 se encuentra en Ayotzinapa en el municipio Tlapa de Comonfort en Guerrero.

Quiero empezar afirmando que el gobierno quiere acabar con el normalismo mexicano y la educación normal, pero especialmente con el normalismo rural. Lo que el capitalismo quiere son escuelas formadoras de docentes que se formen en la competencia y no en la autogestión, en la solidaridad y la ayuda mutua, como lo hacen los normalistas de Ayotzinapa.

Pues bien, el estado de Guerrero rebasa los 3 millones 800 mil habitantes. Tlapa de Comonfort es uno de los 81 municipios de Guerrero cercano a los estados de Oaxaca y Puebla (lejano de Iguala donde se dio la represión a los estudiantes) y cuenta con un territorio de poco más de  mil kilómetros cuadrados con poco más de 81 mil 400 habitantes, de los cuales el 65% se concentra únicamente en tres localidades urbanas del municipio: Tlapa de Comonfort, que es la cabecera municipal que concentra el 58% de la población municipal,  Chietepec y Tototepec. En este municipio, el 51% de la población habla lengua indígena (tlapaneco, náhuatl y mixteco), es un municipio de alta marginación, donde casi el 46% de la población es extremadamente pobre, y el resto es pobre y los menos, un poco menos pobres. Ayotzinapa es una de las 119 localidades que tiene el muncipio con apenas casi 1 mil 700 habitanes. Ahí está la Escuela Normal Rural  desde hace 88 años.

Recordemos que estas normales rurales que aparecieron después de la revolución mexicana fueron potenciadas por el gobierno del general Lázaro Cárdenas, que sin ser socialista ni marxista, implantó en México un contenido socialista al sistema educativo que lo llevaron a la práctica las normales rurales. Llegaron a existir  37 normales rurales  en todo el país, ahora solo quedan 17, que la salvaje reforma educativa los gorilas Emilio Chauffet y Enrique Peña Nieto, quieren desaparecer.

Junto a las normales rurales, quienes ingresan como estudiantes proceden de familias de muy bajos recursos, una gran mayoría de ellas de familias campesinas e indígenas; que se integran al momento de ingresar a la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM) que igual que la mayoría de las normales rurales se fundó durante el Cardenismo, la FECSM en 1935 en el Roque Guanajuato y desde entonces se mantiene esta organización estudiantil. En esta Normal estudiaron Lucio Cabañas Barrientos y Genaro Vázquez Rojas. Y no se puede olvidar la ocupación de la normal de Ayotzinapa por el ejército federal en 1975 por el gobernador Rubén Figueroa, utilizando como pretexto  su secuestro siendo candidato del PRI en el año anterior.

Cuando se fundó la Escuela Rural Ayotzinapa, Tlapa de Comonfort tenía cerca de 3 mil habitantes y Ayotzinapa cerca de 250 habitante; Cuando el ejército ocupo  la Normal Ayotzinapa tendría apenas cerca de 700 habitantes,  pero había muchas comunidades rurales a su alrededor.

Desde entonces, la tradición de lucha estudiantil y magisterial de la Normal Rural de Ayotzinapa se ha visto sometida a una represión psicológica, ahogamiento económico y el asesinato por parte  del mal gobierno directamente con las fuerzas policiacas y militares o a través de sicarios del narcotráfico vinculados a los gobernantes federales, estatales y municipales, que en el caso del 26 de septiembre de 2014, vinculado al gobierno municipal de Iguala representado por una figura perredista, que  cobró la vida de seis personas, tres de ellos estudiantes de la normal, muchos heridos y 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa desaparecidos.

El gobierno de todos los niveles no solo quiere acabar con la Normal de Ayotzinapa por el activismo social y su vinculación con la lucha popular de la región, sino por el sistema educativo que se lleva a cabo en esta Normal Rural.

Para empezar, la Normal de Ayotzinapa cuenta con un sistema de autorganización de la comunidad normalista, que es la encargada de la autogestión del internado, de los comedores y de los programas productivos.

En 2013, Contralínea publicó un reportaje preparado por la Federación de Estudiantes Campesinos y Socialistas de México, en donde habla de los cinco ejes del normalismo: el eje político que busca la formación de personas críticas, analíticas y reflexivas que estén enteradas de la pobreza en que vive el país y las condiciones de marginación que viven las comunidades rurales; el eje académico que si bien el plan de estudios y el mapa curricular las establecen las autoridades federales, el contenido se nutre con los principios del normalismo rural y reivindican una formación integral en gran parte basada en el marxismo;   el eje productivo reivindica el origen campesino de los estudiantes y forma parte de la educación integral la crianza de animales y el cultivo de tierras; los ejes cultural y deportivo se basa en la formación de clubes a lo interno y su extensión a las comunidades cercanas a la escuela normal. Esto es exactamente lo contrario al sistema basada en competencias que ahora se instrumenta en las normales, en las universidades como la nuestra, en los tecnológicos y en general en el sistema educativo nacional. Ese es el fondo del asunto.

Es decir, detrás de la represión a los estudiantes de Ayotzinapa está la reforma educativa que se quiere implantar y las formas de autonomía y autogestión que se quieren extirpar de las comunidades rurales, indígenas y campesinas para que no llegue a las ciudades.

Por eso cobra relevancia el levantamiento de indignación, rabia y dolor de la sociedad civil el pasado 8 de octubre, aquí en La Paz, en México y el Mundo, en solidaridad con los estudiantes de Ayotzinapa. Y más relevante aún es la ruidosa  marcha silenciosa de 20 mil indígenas bases de apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional que se manifestaron ese mismo día en San Cristobal de La Casas, para decirles a los estudiantes de Ayotzinapa con su silencio ¡No estan Sólos!!. ¡Su dolor es nuestro dolor, su rabia es nuestra rabia!!

Pasando a los sistemas educativos alternativos en las ciudades, de los pocos  sistemas educativos con un enfoque crítico que todavía quedan, aunque ya modificado por la reforma de  los planes de estudio de 1996-1997, son los Colegios de Ciencias y Humanidades, conocidos como CCH´s que dependen de la Universidad Nacional Autónoma de México. Precisamente, por oponerse a la reforma basada en competencias de los CCH fueron expulsados de la UNAM  Mario González y cuatro de sus compañeros, ahora preso político del movimiento estudiantil ceceahero.

Es importante destacar que el origen del sistema educativo del CCH está vinculado al movimiento estudiantil de 1968. Habían pasado poco más de dos años, a 5 meses de ocurrir la matanza del 10 de junio de 1971, cuando se fundó el CCH. Así se lee en la página de la UNAM:

“El proyecto del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) fue aprobado por el Consejo Universitario de la UNAM el 26 de enero de 1971, durante el rectorado de Pablo González Casanova, quien lo consideró como: la creación de un motor permanente de innovación de la enseñanza universitaria y nacional, “el cual deberá ser complementado con esfuerzos sistemáticos que mejoren a lo largo de todo el proceso educativo, nuestros sistemas de evaluación de lo que enseñamos y de lo que aprenden los estudiantes“.

Los planteles al abrir sus puertas para recibir a las primeras generaciones de estudiantes fueron Azcapotzalco, Naucalpan y Vallejo, el 12 de abril de 1971, al siguiente año hicieron lo propio los planteles Oriente y Sur”

El CCH atiende a una población estudiantil de más de 56 mil alumnos, con una planta docente superior a 3 mil profesores”.

Quiero decirles que aquí en La Paz el CCH cuenta con poco más de seis decenas de trabajadores que atienden alrededor  de 500 estudiantes. Y pues quiero ahora hacer un poco de historia, más bien le voy a llamar EGOHISTORIA, motivado por mi paso como docente durante más de cuatro décadas por la preparatoria  José María Morelos y Pavón, el CCH Morelos.

O sea voy a leer la carta abierta, que leí hace rato en la prepa en los festejos del 40 aniversario del CCH, aunque me gustaría que la escucharan como si estuviéramos en un foro sobre EDUCACIÓN y REPRESION, aunque en realidad es más bien mi forma de ver al CCH.

“El sábado 16 de agosto pasado,  muy de mañana saldría de Guanajuato a la ciudad de México en autobús para tomar el avión a La Paz, fue una despedida inolvidable a una ciudad que me acogió durante mi año sabático que me había otorgado la UABCS donde trabajo de tiempo completo  que coincidió con el año pre jubilatorio que me otorgó  la preparatoria Morelos  donde trabajaba  de tiempo parcial (todos los días de 7 a 9 de la mañana y los sábados).

No sabía que pasaría el lunes 18 de agosto pues era el primer día de clases del semestre  en la prepa y yo ya no me presentaría  más a impartir los talleres que todas las mañanas hacía, pero fue una sensación excesivamente nostálgica, hasta cierto punto triste, pero inevitable,  como seguramente les hice sentir a mis compañeros y compañeras que pude ver ese día, incluyendo a la Bertha, que ahora es directora, pero que fue mi alumna de la materia de economía en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH Morelos) hace casi cuatro décadas; y es que ese día lunes recogí el documento de baja como docente  en la prepa Morelos que tenía fecha 12 de agosto de 2014 y que debería llevar al Instituto Mexicano del Seguro Social y a la Afore para gestionar mi pensión después de más de 42 años de antigüedad, que según me dijeron, me la empezarían a pagar en octubre, dos meses antes de que cumpla los 65 años.

En realidad desde su origen estuve cerca de la prepa Morelos porque cuando se fundó yo estaba en primero de secundaria en la mañana en el primero “B” y las clases en la prepa eran por la tarde, allá frente a la antigua Casa de Gobierno (que todavía seguía en pie en toda la manzana),  después, en 1964 entraría a estudiar a la prepa y en 1966 egresé de ella; ese mismo año me iría a Guanajuato con mi tía “Tilde” Bañuelos, que allá vivía,  hermana de “Chayito”, mi´amá, a presentar el examen de admisión para entrar a la carrera de Arquitectura. Salí de la carrera de Arquitectura en agosto de 1971, y a los tres meses de haber egresado presente mi examen profesional con el proyecto original del Centro de Readaptación Social en La Paz, que por cierto lo empezó a construir un “maistro” muy querido de mi familia, Roberto Carballo (para mí un auténtico Maestro, con mayúsculas, como lo fue también Ramón Ortega y el Chito Mayoral); y en ese mismo mes de noviembre de 1971 entré a la prepa de nuevo, pero ahora de profesor, muy joven,  impartiendo la materia de Dibujo Constructivo todavía con el plan SEP en lo que ahora es el aula A, pero que  en ese tiempo era el taller de dibujo. Fueron tantos años en el aula compartiendo con tantas generaciones de jóvenes, que aprendí a quererla más de la cuenta.

No pasaron ni dos años que había entrado a trabajar como profesor cuando el gobierno federal decidió instalar en la prepa al Instituto Tecnológico de nivel medio superior o a transformarla en Centro de Estudios de Bachillerato y Tecnológico; debió haber sido en 1973, me parece, y decidieron unilateralmente junto a las autoridades locales cerrar tempranamente la que había sido la primera preparatoria que se había fundado con mucho esfuerzo  en el Territorio Sur de la Baja California, para que alumnos y profesores se incorporaran al sistema tecnológico; pero como suele suceder en momentos de crisis, las instituciones tienden a dividirse y una parte decide aceptar la oferta del gobierno y la otra parte, decidió oponerse rotundamente, no me acuerdo si la división fue por mitades, el hecho fue que alumnos, padres de familia y profesores claramente opositores empezamos a buscar alguna opción  alternativa y ella fue el Colegio de Ciencias y Humanidades que don Pablo González Casanova, siendo Rector, había instaurado en 1971 en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Fue así que desde 1974 se adoptó el Sistema Incorporado del CCH (en este año se cumplen 40 años), un plan de estudio extraordinario, muy crítico del sistema desde la ciencia y desde las humanidades, que en la décadade 1970 y 1980 requería de profesores con determinado perfil, sobre todo en las materias de ciencias sociales que no había en la ciudad, al grado que algunos profesores, que fue mi caso, por ejemplo, yo que era arquitecto,  tuve que impartir clases de economía con una orientación marxista, no porque había estudiado una carrera afín a la economía sino porque había leído ya, al menos el primero y segundo volumen  de “El Capital” de Marx.

Fue una década de insurgencia, justo en ese año de 1974  estallaría la  histórica huelga en la maquiladora Ardemi donde trabajaban medio centenar de jóvenes obreras que después fueron ejemplo del sindicalismo independiente; yo me había incorporado ese año al marxismo crítico de la corriente trotskista, junto con un estudiante de la prepa Morelos, a título personal, que tuvimos la oportunidad de participar en el primer congreso del Grupo Comunista Internacionalista que era un grupo simpatizante de la Cuarta Internacional, en un lugar desconocido parece que muy cercano a la ciudad de México, aunque habíamos ido en representación del Grupo de Acción Popular que se había formado en 1973 aquí en La Paz, precisamente;  fue entonces, como dije, que  impartí algunos meses la materia de economía, lo habrán de recordar quienes fueron mis alumnos, porque no se encontraba profesor que impartiera el contenido de economía marxista como estaba en el plan de estudios, lo cual no le pareció  a un sector minoritario muy  conservador de la prepa que había decidido quedarse en el CCH y no irse al tecnológico, y por supuesto, como es lógico, se quejó y protestó. Fue un momento crítico ante la carencia de profesores con perfil universitario que exigía la UNAM y los contenidos de programas de estudio; así que empezaron a llegar profesores universitarios de Sonora, de Veracruz, de Baja California, de Hidalgo, de la Ciudad de México, no necesariamente formados en el pensamiento crítico, muchos de los cuales se quedaron en La Paz a vivir, algunos de ellos como recién egresados universitarios se convirtieron al pensamiento crítico que se exigía en los planes de estudio, sobre todo en la ciencias sociales y las humanidades, por ejemplo, la enseñanza de la teoría marxista de la historia, la historia de las revoluciones sociales, la literatura latinoamericana y la lógica dialéctica, fueron determinantes en la formación de muchas generaciones, aunque no pocos profesores, a la distancia, prefieren no acordarse más de ese pensamiento crítico que dominó al CCH Morelos durante muchos años; seguramente porque es más cómodo, pues ya en la modernidad te sometes a ser satanizado y colocado al margen del poder; otros, los menos, decidimos seguir conservando y profundizando el pensamiento crítico, que en el terreno académico fue fuente de alimento originario en el CCH Morelos.

Después de varios años de intentos, durante el gobierno de Ángel César Mendoza, recuerdo que para 1978 se constituyó  el sindicato con 32 compañeros (5 mujeres y 27 hombres) el 6 de marzo con docentes, administrativos, intendentes y auxiliares académicos; y el 16 de ese mismo me se eligió el primer Comité Ejecutivo  encabezado por el profesor Ignacio Rivas como Secretario General que había llegado de Veracruz;  acompañado por los otros miembros del Comité: Jorge Vale, que venía de Baja California,  Edith González de Veracruz, Lázaro Reynosa de Sonora,  Gilberto Piñeda y Miguel Ángel Gutiérrez, que somos de La Paz;  pero se obtuvo su registro por acuerdo de las autoridades laborales locales hasta el 7 de enero de 1980 con el segundo Comité Ejecutivo encabezado por la profesora Edith González como secretaria general acompañada  por Maclovio Obeso, Jorge Vale, Miguel Ángel Gutiérrez, Ignacio Rivas y Gilberto Piñeda, habiéndose firmado un Contrato Colectivo de Trabajo el 20 de febrero de ese mismo año, donde aparecieron importantes prestaciones sociales como 69 días de aguinaldo, derecho al año sabático, basificación de trabajadores que ya se encontraban laborando y el establecimiento del examen de oposición como requisito de ingreso al sistema CCH, entre otras conquistas sindicales, que fueron creciendo en la medida en que el sindicato se consolidaba.

Sin embargo, durante el gobierno de Miguel de la Madrid, el gobierno se endureció contra los sindicatos y durante la administración del gobierno  de Alberto Alvarado Arámburo,  el sindicato después de una asamblea abierta a los estudiantes como observadores decidió con solo 4 votos en contra y una abstención, el estallamiento de su primera huelga en punto de las 12 del día del 20 de febrero de 1983 con un ofrecimiento del 17% de aumento salarial, un huelga muy difícil, pues el 22 de febrero es detenido el Secretario  General que era profesor de Literatura  y un trabajador de intendencia por agentes de las fuerzas policiacas por el supuesto “delito” de estar distribuyendo volantes (justo en el día de la visita de la reina Isabel II a La Paz) y finalmente el 24 de febrero se levanta la huelga con un 26% de aumento salarial y un 8% en prestaciones. Quienes luchamos en esos primeros 10 años del CCH, ahora estamos en trincheras distintas, pero en ese tiempo, fue muy importante para la conciencia social lo que pasó en La Paz y en la preparatoria Morelos.

En este año de 2014, el CCH cumple 40 años como sistema educativo, pero en esos primeros  10 años de CCH, fueron exageradamente complejos, pero muy formativos académicamente, pero sobre todo ayudo a crear  conciencia social,  estudiantil y sindical, que es muy difícil olvidar; lo que pasó después fue un proceso largo de consolidación sindical y académica. El CCH fue un parteaguas en la preparatoria Morelos, y aunque ha cambiado mucho desde entonces, al menos una llamita sigue encendida, creo. Hubo muchas generaciones que además de la enseñanza en las aulas,  aprendieron que luchando también se estuvo enseñando: era muy común ver a estudiantes, profesores, intendentes y administrativos juntos, incluso a directivos, luchando en las calles para exigir al gobierno el aumento de subsidio para la escuela; exigiendo el registro del sindicato y la firma de un contrato colectivo, y a los estudiantes, apoyando masivamente  las huelgas por mejores salarios y prestaciones y por el respeto al CCH; no había primero de mayo en que el Sindicato de la Preparatoria Morelos no fuera  codo con codo a los estudiantes, colonos, trabajadoras de la maquila y con profesores disidentes del SNTE; no había 2 de octubre que los estudiantes del CCH no recordaran a los estudiantes muertos en 1968; no había manifestación disidente en el que no estuviera presente el CCH; no había conflicto interno, sea de trabajadores o de estudiantes que no se resolviera acordando mayoritariamente en asamblea juntos o por separado; y algo muy importante fue la decisión de elegir los directivos de la escuela por el voto universal, directo y secreto, con el mismo valor de voto por estudiantes, profesores y trabajadores administrativos y de intendencia como se sigue haciendo hasta hoy (contrariamente a lo que pasa hoy con la reforma a la Ley Orgánica de  la UABCS, donde sigo trabajando); en fin, fueron muchos momentos extraordinarios, imposible de olvidar y que seguramente no olvidare durante mi JUBILACIÓN. Esta historia ha sido escrita por el compañero  también jubilado, César Piñeda Geraldo, quien ha documentado en un libro que escribió en 1999 que él llamó La “Re(a)sistencia Ilustre”, y que vale la pena releer.

Desde entonces, los trabajadores de la preparatoria han conquistado prestaciones sociales utilizando la movilización y el diálogo, acompañado de la solidaridad estudiantil y externa. En aquel entonces NUNCA PENSÉ QUE LLEGARÍA EL DÍA en que me jubilara… PERO LLEGÓ; por lo tanto, no imaginé que  como jubilado, gracias al sindicato y a sus luchas,  iba a gozar de una histórica prestación como fue el  tener un año pre jubilatorio y una prestación económica por retiro al iniciar el camino que ahora yo emprendí después de más de 42 años de antigüedad en la prepa: LA JUBILACIÓN.

Sin embargo, ahora, es altamente probable que con la nueva política laboral de los gobiernos, las posibles nuevas mejoras económicas y las prestaciones obtenidas a lo largo de la vida sindical están en riesgo, así se ha percibido en los últimos años durante las revisiones anuales de salarios y de contrato colectivo en la preparatoria Morelos. Por ejemplo algunos compañeros jubilados han tenido que esperar varios meses, más de un año para recibir el pago de las prestaciones establecidas en el contrato colectivo y en el contexto local, la mal llamada reforma educativa está golpeando a los jóvenes profesores del nivel medio superior al negarles las bases que por derecho les corresponden en casi todas las prepas, como la antigua preparatoria Ghandi, ahora Centro de Estudios de Bachillerato, que sus trabajadores y trabajadoras han tenido que hacer un paro para exigir justicia laboral que las autoridades educativas les quieren arrebatar. Así que hay que estar atentos y alertas de lo que el gobierno federal y estatal intenten en los próximos años contra el CCH.

Finalizo diciendo que muchos egresados, jubilados y ex trabajadores, no sé si todos, pero seguro que la mayoría de ellos y ellas, llevaremos hasta el final a la prepa Morelos y al CCH   en el corazón… Al menos yo sigo trayendo  a la prepa y al CCH en el lado izquierdo del pecho. Y en cualquier momento, daré todo lo que este de mi parte para defenderla…¡¡Felicidades por el 40 aniversario del CCH!!.”

Y con esto termino.

Anuncios

Publicado el 12 octubre, 2014 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: