|CHANTI OLLIN| MEMORIAS DE UN DESALOJO RECIENTE PARTE I

chanti

Por: Vilma Sanchez/ Ita Menon

Fuente: Chanti Ollin

Que el desalojo iba a llegar era una de nuestras certezas. Desde hacía ya unos meses veníamos viendo los operativos implementados para desalojar edificios de departamentos y múltiples predios en las colonias céntricas, en donde las inmobiliarias y empresarios han decidido imponer su poder de terratenientes urbanos. Habíamos visto y seguido los casos de los endeudados que eran echados a la calle con 400, 500 granaderos. Habíamos leído las notas publicadas en donde Mancera presume sus gastos en operativos de seguridad para los desalojos que incluyen operativos aéreos. El desalojo iba a llegar y lo sabíamos porque es claro que el gobierno de la ciudad, como el resto de los gobiernos intenta desmantelar a garrotazos todo intento organizativo.
Así pues seguimos okupando el Chanti Ollin a sabiendas de lo que se nos vendría. Parte del operativo policial llevaba tiempo echado a andar por medio de operativos mediáticos, como artículos publicados en el Universal, El Excélsior y La Razón. Seguimos trabajando a sabiendas de que todo lo que hiciéramos dentro del espacio podría ser destruido como lo fue en el desalojo anterior y sin embargo consideramos más importante afirmar la potencia del seguir en lugar de la retirada. También decidimos que con espacio y sin espacio tenemos que construir. Bajo estas condiciones adversas decidimos quedarnos y defender un espacio que nos sirve para seguir pensado juntos y decidir cómo llevar nuestras vidas en esta ciudad. Habitamos la ciudad, vivimos en ella y nos oponemos a ser simples sobrevivientes que deambulan de un lugar a otro en busca de lo poco que ofrece el sistema. Afirmamos la potencia de la vida, el goce de la vida y la imaginación como potencias políticas.

Alrededor de las dos y media de la mañana de este lunes varios de nosotros estábamos en asamblea hablando del desalojo, un tema que se había vuelto habitual en nuestras charlas semanales. De repente escuchamos ruidos intensos, un compañero se asomo a la ventana y basto muy poco para que todos entendiéramos que los granaderos habían llegado. Vimos las escaleras recargarse en el edificio y a algunos policías colgados de los arboles. En pocos segundos corrimos, avisando como podíamos al resto, algunos tomaron lo que pudieron de sus pertenencias. No tardaron ni 3 minutos en echar abajo las puertas y entrar. No teníamos que ver hacia afuera para saber que estábamos rodeados, no teníamos que esperar para saber que estábamos a expensas de los golpes, las torturas y los abusos. Corrimos hacia donde pudimos, unos a refugiarse en algún lugar, otros que estábamos mas cerca de una de las ventanas hacia afuera del edifico.

El desalojo es sin duda una práctica del terrorismo de Estado, o como llamarle a la entrada a golpes, al encañonamiento con armas, a la destrucción, a la persecución, a la intimidación, al abuso, al saqueo y a todo lo que le acompaña: amenaza de encarcelamiento y tortura, abuso policial a discreción acompañado de abuso sexual muchas de las veces. Los granaderos entraron desmadrando todo a su paso. Algunos de nosotros corrimos en el más básico impulso de vida hacia afuera del edificio, hacia el patio del edificio vecino. Nos lanzamos por la ventana de uno de los pisos inferiores y nos refugiamos en un garaje, esto que les cuento no llevo más de 2 o 3 minutos, el tiempo en que el pequeño grupo nos dimos cuenta que estábamos atrapados. Metidos en el garaje intentamos cerrar la puerta, lo cual fue inútil pues en segundo vimos por el hueco inferior de la puerta botas policiales rodeándonos. No opusimos resistencia, pues simple y sencillamente no había forma de resistir. Eramos 7 los escondidos en el garaje, nos sacaron y arrinconaron rodeándonos. Nos echaron la luz en los ojos y nos sometieron a la intimidación amable que traían preparada. Nos leyeron nuestros derechos, un papel que da cuenta de toda la simulación establecida desde el Estado bajo la apariencia de garantías y derechos humanos. Una farsa institucionalizada que se presenta como protocolo de los derechos humanos. Mientras se leía el documento nos grababan para comprobar que nos comunicaron nuestras garantías. Escuchamos el protocolo apretados, encadilados y adoloridos, pues tres de nosotros estábamos lesionados por el salto de la huida. Prometieron una ambulancia y atención medica la cual nunca tuvimos de forma apropiada.

Al poco rato vimos a los vecinos en el patio, forzados a salir por los granaderos que se metieron a sus departamentos rompiendo ventanas y puertas. Una de las vecinas estaba realmente aterrada, desconcertada sin entender las razones de semejante irrupción en la madrugada. Los granaderos dejaron a los vecinos para concentrarse en nosotros, tomarnos datos y prepararnos para el traslado.
El grupo policial que nos detuvo, el grupo Neptuno, me comentaron los compañeros, le paso la batuta a los granaderos de la CDMX. Nos subieron en camionetas pick up, ya afuera en la calle pudimos ver que efectivamente estábamos rodeados por cientos de granaderos. Al menos tres calles con camiones estacionados, con una tanqueta y con todo un operativo de guerra. Nos trasladaron a la agencia de la PGJ 50, el bunker.

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Publicado el 23 noviembre, 2016 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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