|CONVOCATORIA| Manifestación gasolinazo en La Paz, Baja California Sur, México.

La tormenta se ha postrado sobre los menos privilegiados, pero la habitación donde residía cómodamente la clase media se empieza a desmoronar, pedacito a pedacito. Parece que ahora si el gobierno federal puso el dedo en la yaga correcta. Se sintieron agredidos quienes  antes no reconocían la violencia en las olas de despojos que el  Estado mexicano había venido impulsando desde su constitución y, que en las últimas décadas, con el aceleramiento de la crisis estructural del capital y la consolidación del modelo neoliberal, aumentaron significativamente.

No ha faltado quien nos recuerde lo que hace 150 años Marx nos dijo con conocimiento de causa: los platos rotos por la acumulación de capitales siempre los pagará la gente, el asalariado y los no asalariados, los campesinos, siempre agredidos por el incesante deseo de la ganancia. Los empresarios, los grandes señores del dinero, históricamente se han dedicado única y exclusivamente a ganar. Para ello requieren despojar de su salario, de sus servicios y sus espacios públicos, de su tierra y sus territorios, de sus formas de vida,  a quienes solo tienen para sobrevivir su fuerza, su voluntad y su imaginación.

Para minimizar los alaridos de una clase que perse es peligrosa, el Estado, complice histórico del capital, brindoó ciertos satisfactores que  mantuvieron a la mayoría privatizada e ilusionada con que las cosas pronto estarían mejor. No obstante, aparentemente recibido como un balde de agua fría, hoy despojaron a todos de la relativa tranquilidad en la que se encontraba quienes se sentían seguros resguardados en sus trabajos, en sus casas, con sus amigos y familia. Si la clase política tuvo la viveza y el apoyo empresarial para radicalizar las privatizaciones que el nuevo capital requería, para mantener la lógica de la acumulación en marcha, no es menos importante su virtud para transformarnos a la mayoría, de nueva cuenta, en la clase peligrosa.

Nunca les creíamos del todo, pero hoy las palabras de la clase política son como hirientes dagas hirviendo que se postran sobre nuestros pechos. Aunque digan misa, el alto precio de la gasolina traerá una reacción en cadena que subirá el preció de todo: gas, alimento, vestido, medicina, transporte, vivienda, recreación.

La clase peligrosa y desilusionada hoy se convierte en multitud y sale a la calle. En diversos estados del territorio nacional organizaciones históricamente gritonas y un buen número de personas comunes y corrientes, se manifiestan por el llamado gasolinazo. Seguramente algunas organizaciones políticas de la llamada izquierda institucional podrán discursivamente capitalizar la manifestaciones de rabia, pero lo que es cierto es que la indignación es generalizada. En La Paz Baja California Sur, parece que no será la excepción. Sin saberse bien a bien de dónde salió la propuesta, se está convocando para que el 7 de enero del 2017, se concentre la población a las 5 de la tarde en el Kiosko del malecón de la ciudad. 

Ni bien inicia el 2017 y las palabras de las zapatistas de hace apenas un año y medio ya se vuelven profecía:

se avecina “una  una catástrofe en todos los sentido, una tormenta.

Vemos que viene algo terrible, más destructivo si posible fuera.

Pero otra vez vemos que quienes piensan y analizan nada dicen de eso. Siguen repitiendo lo de hace 20 años, 40 años, un siglo.

Y vemos que organizaciones, grupos, colectivos, personas, siguen en lo mismo, presentando falsas opciones excluyentes, juzgando y condenando a lo otro, a lo diferente.

Y más: despreciándonos por lo que decimos que vemos.

Entonces, pues ya ve usted, somos zapatistas. Y eso quiere decir muchas cosas, tantas que en los diccionarios de su lengua de usted no existen palabras para eso.

Pero también quiere decir que siempre pensamos que podemos estar equivocados. Que tal vez todo sigue sin cambios fundamentales. Que tal vez el Mandón sigue mandando igual que hace décadas, siglos, milenios. Que puede ser que lo que viene no es algo grave, sino apenas una descompensación, un reacomodo de ésos que ni la pena valen.” La Tormenta, el Centinela y el Síndrome del Vigía

 

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Evento Gasolizano La Paz BCS

 

 

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Publicado el 3 enero, 2017 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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